Gourmet: Pablo Tejeda y Santiago Panelo
  Paladares de frío y altura  
  Dicen los locales que la nieve anidará en tierra neuquina hasta el mes de octubre. El invierno se niega a retirarse en Villa La Angostura, paradisíaco enclave que, entre otras cosas, se destaca por su gastronomía. Aquí, dos chefs que abandonaron su propio suelo para dedicarse a la cocina en la maravillosa aldea de montaña.

 
 

Uno transita cada día 40 minutos en medio de un paisaje nevado. Sube por una ladera blanca rodeada de bosques frondosos hasta alcanzar los 1050 m.s.n.m., altitud en la que arriba al sitio en donde debe cocinar: entre la majestuosa vista del lago Nahuel Huapi y los pinos que soportan el peso del agua congelada que se posa sobre sus añejas ramas, desenfunda su práctica y se pone al servicio de los miles de esquiadores que cada día se deslizan por las pistas del Cerro Bayo (en Villa La Angostura), donde realizan esquí alpino. Otro, 1000 metros más abajo y a 9 kilómetros de distancia, en medio de construcciones de piedra y madera de la Villa que se ha conservado como una aldea de montaña, recibe a los turistas con sus preparaciones al usso de las nonas.

Uno, Pablo Tejeda, es dueño de una tranquilidad y calidez propias de un pueblo. De perfil bajo, talento amplio y palabras exactas, el mendocino que se instaló en 1998 en la apacible ciudad neuquina (excepción hecha de dos años en los que volvió a su ciudad natal por el nacimiento de su primera hija, Josefina, la pequeña que desde hace tres abriles alegra su vida), se adentró en el mundo gastronómico de una forma más que ilustrada. De su madre, Amanda, heredó el gusto de explorar sabores ajenos, algunos próximos, otros lejanos. “A ella le debo todo. Es antropóloga y cada vez que empieza a estudiar un pueblo lo hace por la cocina, porque es una de las formas de llegar a la esencia de una cultura. Me crié rodeado de esos libros que tanto me enseñaron”. Pero Pablo terminó de definir su profesión (o mejor, una de ellas) de otra manera: su papá falleció siendo él muy chico y quedó a cargo de la cocina. Igual, mi gusto terminó de delinearse en los años en que fui seminarista. Aprendí a cultivar, cosechar y cocinar; armar una dieta y elaborar quesos y licores”, revela.

Otro, Santiago Panelo, ostenta una verborragia capitalina (que sólo se ralenta al encenderse el grabador), y la acompaña con una pose entre distendida y cool. Desde hace dos años vive su primera experiencia al frente de una cocina: “Antes de estudiar gastronomía trabajé en el restaurante de la mujer de mi hermano. Se llamaba Planta Baja (en Recoleta). Ahí tuve mis primeros fuegazos. Después pasé por lo que hoy es Eat catering. Hice de todo: fui desde mozo hasta barman. Luego de un impasse en los que estudié producción de TV, volví a lo culinario. En 2004 hice mi primera experiencia como cocinero en Buenos Aires, pero surgió este proyecto y me instalé aquí”, resume.

Ambos, Pablo y Santiago, son chefs de Tolomeo, un restaurante con dos sucursales de propuestas diversas en ámbitos distintos de La Angostura: en el refugiorestaurante del Bayo conviven los platos de altura con toques gourmet (como puchero de conejo, guiso montañés de lentejas rojas o ragout de ciervo a la cazadora) con preparaciones algo más rápidas (pizzas a la parrilla o sandwiches, por ejemplo) pero generalmente plena de calorías para reponer la energía olvidada en la nieve. “Trabajar en el cerro es un orgullo porque muchos cocineros de la zona pasaron por aquí. El refugio es muy importante en la montaña y es un placer haberle dado, por primera vez, esta impronta a la carta. La idea es situar al turista, darle una idea verdadera de lo que es el lugar. Un suizo no viene por la fondue, sino a probar los platos autóctonos. Y lo sorprendente fue la reacción de la gente: les encanta la experiencia gastronómica y muchos incluso piden una copa de champagne después de esquiar”, cuenta Pablo, el chef de 27 años (quien además es bombero voluntario y en más de una ocasión debió dejar una receta a medio preparar para correr a apagar un incendio) que posó su arte en los más paradigmáticos reductos de la Villa: La Macarena, Waldhaus, estancia Las Balsas y la cervecería Australis (que él mismo ideó), entre otros. En el reducto céntrico ubicado en el pueblo, en cambio, impera la cocina tradicional europea con la que Santiago recupera el valor de platos de antaño, esos de ollas eternamente humeantes y sabores concentrados (ossobuco al vino tinto con polenta blanca, spaghetti caseros de peperoncino, costillitas de cerdo con salsa de mostaza inglesa y puré duquesa).

Uno, Tolomeo El Chaltén, es histórico punto de encuentro en la montaña. Otro, Tolomeo Centro, es sitio de cónclaves de extranjeros y, cuando pasan las horas, el lugar que eligen varios gastronómicos de la Villa (como Martín Zorreguieta, el hermano de Máxima y propietario de Tinto Bistró), para bajar la adrenalina generada después de noches movidas que culminan justo cuando se retira el último comensal.


> Pato al cognac con uvas coloradas y uvas espina

Ingredientes:
(para 1 PORCIÓN):
C/n de manteca, 1 pata y 1 magret de pato,
100 g de uvas coloradas, 50 g de uva espina,
1 vasito de cognac, 1 papa grande, c/n de manteca clarificada, hierbas frescas a gusto.

Preparación:
en una sartén bien caliente con algo de manteca, sellar la pata y el magret (previamente, hacer un cuadrillé superficial en la pechuga, para que mantenga la forma). Retirar el magret y reservar, agregar las uvas junto con el cognac. Flambear y llevar al horno por 20 minutos. Una vez que la pata esté cocida, volver a colocar el magret en la sartén y calentarlo junto con la salsa y las uvas. Mientras, cortar la papa en cubos grandes y blanquear en agua hirviente. Escurrir, secarlas bien sobre un paño limpio e incorporarla a una sartén con manteca clarificada para que doren. Luego, saltear con las hierbas frescas y servir.

> Merluza negra a la manteca blanca con caviar y puré de berros

Ingredientes:
(para 2 PORCIONES): 2 filetes de merluza negra con piel, c/n de aceite de oliva, 2 plantines de berro,
c/n de aceite de oliva, 1 papa,
4 echalotes, c/n de manteca,
c/n de vinagre blanco,
c/n de manteca fría, 2 cdas
de caviar negro.


Preparación:
cocinar la merluza en una sartén con aceite de oliva, (del lado de la piel) e ir rociándola con el fondo de la cocción. Mixar los berros junto con aceite de oliva para hacer un puré. Aparte, hervir la papa y pisarla; luego mezclarla con el puré de berros. Para la salsa: cortar los echalotes en brunoise y dorar en la manteca. Agregar vinagre blanco y dejar reducir. Retirar del fuego y montar con un poco de manteca fría. Hacer un espejo de salsa; disponer encima el pescado y armar quenelles con el puré. Encima, salpicar con el caviar.

> Ossobuco con risotto milanés

Ingredientes:
(para 4 PORCIones):
Para el ossobuco: 8 cebollas, 1 cda de manteca, 4 ruedas de osobuco con el caracú (400 g c/u), c/n de harina, sal, pimienta y aceite, 1/2 l de vino tinto. Para el risotto: 1 cebolla, 1 cda de manteca, 280 g de arroz carnaroli, 1 cápsula de azafrán, 1 vaso de vino blanco, c/n de caldo de verduras, manteca a gusto, 150g de queso manchego rallado.


Preparación:
para el ossobuco: cortar las cebollas en pluma y llevarlas a fuego lento con la manteca hasta que transparenten. Reservar. Cortar la carne en cuadrados
(reservar el caracú) pasarla por harina con sal y pimienta y sellar en sartén con aceite. Luego, desglasar con un poco de vino, sumar las cebollas y cubrir con el resto. Llevar a ebullición, bajar el fuego a mínimo y cocinar 2 y 1/2 hs. Una vez listo, poner el caracú en una placa y llevarlo al horno hasta que se cueza.
Para el risotto: transparentar la cebolla picada en brunoise con la manteca y agregar el arroz. Cuando esté nacarado, condimentar con azafrán y desglasar con vino. Revolver continuamente. Cuando reduzca el volumen, agregar caldo de modo que el arroz esté cubierto. Una vez que el arroz esté al dente y se haya evaporado el líquido (aprox. 18 minutos), sumar manteca, queso y caracú y dejar descansar durante 5’ tapado. Servir.

 
 
   
  Por: Lorena Lemos (Desde Villa la Angostura).
  Fotos: Silvia Bordoni
  Producción: Graciela Boldarín
  Agradecimiento: Sec. de Turismo de Villa La Angostura
   
 
Chefs Pablo Tejeda y Santiago Panelo
Las recetas
 

> Crocante de crema helada de maní y ganache de frutos rojos

Ingredientes (para 2 porciones): Para la masa: 125 g de manteca, 250 g de harina, 5 g de sal, 15 g de azúcar, 1 huevo.
Para la crema de maní: 100 g de crema montada, 200 g de pasta de maní, 50 g de maní picado.
Para la ganache de frutos del bosque: 150 g de chocolate, 50 g de manteca, 100 g de frutos rojos escurridos.
Para la salsa de ciruelas asadas: 5 ciruelas, 100 g de azúcar, 100 cc de agua.

Preparación: para la masa: dejar la manteca a temperatura ambiente e integrar con el resto de los ingredientes hasta lograr una masa (no amasar demasiado). Dejar descansar 30’en heladera. Forrar un molde circular y hornear hasta que dore. Para la crema de maní: montar la crema
y en un bowl mezclar con todos los productos. Llevar a heladera hasta servir. Para la ganache: derretir el chocolate y la manteca, luego, incorporar y mezclar bien los frutos. Enfriar hasta temperatura ambiente. Para la salsa: llevar las ciruelas al horno para intensificar el sabor. Después, introducirlas en una cacerola y cocer a fuego lento junto con el azúcar. Incorporar agua hasta lograr la textura deseada. Rellenar la masa con la pasta de maní. Disponer la ganache sobre la mitad de la masa y salsear.



 
 
     
 
Publicación semanal de Editorial Perfil S.A. © Copyright 2007. Revista LUZ. Todos los derechos reservados.