Con 20 años recién cumplidos, Luisana Lopilato parece dispuesta a dejar definitivamente en el pasado a aquella chica que, a fines de los ‘90, se instaló en la pantalla chica de la mano de Cris Morena para protagonizar dos de los éxitos del momento: Chiquititas y Rebelde Way. Unos años después, llegarían Pensionados, Los secretos de papá y, más cercano en el tiempo, las sitcom Casados con hijos 1 y 2. Por aquel entonces, tan comentados como sus trabajos fueron sus romances -con Felipe Colombo, primero, y con Mariano Martínez, después-; o las fotos que se animó a hacer y que despertaron las fantasías de miles de hombres que la doblan en edad.
Dispuesta a tomar un nuevo camino, la versión 2007 de Luisana incluye una participación en El Capo -la tira de Telefé-; un papel en la obra Arlequín, servidor de dos patrones, bajo la dirección de Alicia Zanca en el Teatro de la Ribera; un incipiente noviazgo con el tenista Juan Mónaco y un departamento de soltera al que, por ahora, no tiene planeado mudarse en forma definitiva.
-Estás haciendo una nueva tira, debutaste con una obra en el teatro oficial, tenés nuevo novio, ¿éste es el año del cambio?
-En realidad todos los años surgen cosas diferentes en la tele, lo que sí es una experiencia totalmente nueva para mí es lo del teatro. Tenía muchas ganas de hacerlo, de probar. De saber cómo era el hecho de estar ahí. Y la verdad es que me encanta, y además estoy con un elenco súper importante que me ayudó a vencer el temor que tenía a olvidarme la letra o equivocarme arriba del escenario.
-Y ahora que superaste esos temores, ¿cómo te sentís?
-Súper bien, muy contenta. Me encanta ir, maquillarme, peinarme.
Definitivamente es otra onda, otro mundo.
-En la obra tocás el saxo, hacés piruetas, ¿es algo que tuviste que estudiar exclusivamente o lo sabías, pero no habías tenido la posibilidad de demostrarlo?
-Empecé a estudiar saxo hace tiempo y cuando se lo comenté a Alicia Zanca, que es la directora, ella me propuso incorporarlo al personaje. Y la verdad es que cuando recién arrancás es horrible que te escuchen, pero ella insistió, así que me animé. En cambio, las acrobacias que hago las aprendí tomando clases de comedia del arte, con el resto del elenco. Esto me ayudó mucho a soltar el cuerpo, a moverlo.
-Del 1 al 10, ¿qué importancia le das a las críticas?
-Cinco, porque cuando son malas duelen, lastiman; y cuando son buenas te ponen excesivamente contenta, entonces trato de no enterarme, de no comprar revistas. Lo que sí leí fueron las que salieron sobre la obra en los diarios. Tenía ganas de saber qué decían y por suerte no me pegaron tanto; al contrario, todos señalaron que por ser la primera vez había estado muy bien. De todas formas te repito, trato de no escuchar. Si me entero es porque me llaman y me cuentan.
-¿Y qué opiniones son las que tenés en cuenta?
-Las que me hacen mi familia o mis amigos.
-Y si lo que te dicen es contrario a lo que vos pensás, ¿insistís igual?
-Yo soy muy cabeza dura, así que cuando quiero algo hago todo para conseguirlo. Pero antes le pregunto mil veces a mis amigos, a mi familia, y trato de no tomar decisiones sola.
-Es un buen método para poder compartir culpas...
-Y sí, si las cosas salen mal puedo hacer responsable a los otros. (Risas)
-El personaje que hacés en El Capo es bastante distinto al de Casados con hijos. Cuando te lo propusieron, ¿qué fue lo que te sedujo?
-Fundamentalmente lo que más me gustó es eso de poner todo el tiempo el cuerpo. A mí me divierte mucho colgarme, hacer escenas arriesgadas, de hecho no me gusta que haya dobles. Si me tienen que pegar un tiro, que me lo peguen.
-En esta tira también está tu hermano Darío, ¿qué es lo que más te gusta de trabajar con él?
-Estamos juntos pero no nos cruzamos casi nada. Yo grabo un día y él otro, él está con los malos y yo con los buenos... Pero me gusta que esté, me tranquiliza saber que si me pasa algo está.
-Además tu papá maneja algunas cosas que tienen que ver con tu carrera...
-Sí, pero yo tengo mi representante. Él me acompaña más que nada como papá.
-¿Y cómo se articula ese cuidado con el hecho de que hayas explotado desde chica una imagen tan sexy?
-En realidad lo mío nunca tuvo que ver con mostrar, sino con insinuar.
-¿Pero sos consciente de que transmitís eso?
-Sí, claro, es parte de mi trabajo. Yo estoy en esto desde los cinco años y mis viejos saben qué hago y cuáles son mis límites. Nunca voy a hacer algo con lo que no me sienta cómoda. Mis papás saben cómo soy y por eso se quedan tranquilos.
-Asumen que es parte del juego...
-La verdad es que nunca se los pregunté, pero creo que no les molesta. Es parte de esto, yo generé esta exposición y ahora tengo que hacerme cargo.
-O sea que nunca te recriminaron nada...
-Por ahí se preocupan con lo que escriben sobre mí, porque a veces uno dice cosas que después no salen publicadas tal cual fueron dichas. Ahí sí me dicen “mirá lo que pusieron”, o a veces hasta se desatan llantos.
-¿Eso te pasó hace poco con lo que se publicó en una revista?
-Sí, porque nada de lo que apareció ahí fue dicho de esa forma. Yo estoy tranquila porque sé lo que dije y la gente que me conoce también. Pero a mi familia le duele que digan que estoy embarazada, deprimida o anoréxica. Mi mamá lee esas cosas y piensa: “¿Esta es mi hija?”. Ella no tiene nada que ver con el medio, es más, no le gusta para nada el tema de las fotos, yo lo hago porque amo mi profesion, pero eso no quiere decir que a mi mamá le agrade.
-¿Así que por ahora ni hablar de hacer un desnudo?
-No, por ahora ni por muchos años más. Igual, qué sé yo, por ahí a los 50 me vuelvo loca y lo hago.
-Pero en ese momento a nadie le va a interesar...
-Y sí, es cierto. Lo que pasa es que soy muy pudorosa con mi cuerpo, me parece que hasta insinuar está bien, pero no haría un desnudo total por más cuidado que sea.
-Dejaste de salir con Felipe Colombo y te pusiste de novia con Mariano Martínez, y después, con Juan Mónaco. ¿Te cuesta estar sola?
-No, lo que pasa es que cuando el amor llega uno no puede negarlo. Para mí no es nada forzado porque me gusta la vida en pareja.
-Él, por su trabajo como tenista, tiene un ritmo de vida distinto al tuyo. ¿Te costó adaptarte?
-Un poco sí, sobre todo por el tema de la distancia. Porque yo vivo todo el tiempo en el canal y cuando salgo de ahí tengo ganas de ir a comer, o al cine, y a veces él está de viaje. Tampoco es que se va ocho meses, son tres semanas afuera y una acá. Pero si uno está bien lo va llevando. Otra opción es dejar todo y acompañarlo.
-Y por ahora no estás dispuesta a eso...
-No, no pienso dejar todo por amor. Además, me parece que tanto él como yo tenemos la edad justa como para explotar lo que cada uno, de verdad, quiso hacer siempre. Juan juega al tenis desde los seis años y está en su mejor momento, y yo actúo desde los cinco y estoy haciendo lo que me gusta.
-A pesar de eso, ¿sentís que esta relación podría terminar en convivencia?
-No sé si estoy preparada, cada cosa en su momento. Ya voy a tener tiempo para casarme, para convivir, para tener hijos. Creo que en algunos años tendré más en claro qué es lo que quiero hacer. De todos modos siempre me gustó la idea de casarme joven.
-¿Lo hablaste con Juan?
-No, todavía no, pero es obvio, toda mujer cuando está con alguien piensa en un futuro con esa persona, al menos yo soy así, medio Susanita. Me encanta la idea de tener una familia súper unida, como la mía, y con muchos hijos.
-A nivel trabajo estás pasando por un muy buen momento; en lo personal, ¿qué te falta para estar en la situación perfecta?
-Creo que nada. Por ahí me gustaría viajar un poco más. Eso y formar un hogar son mis únicas asignaturas pendientes. Pero como soy muy cabeza dura, estoy segura que lo voy a lograr.
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