Viaje: Mykonos
  Azul profundo  
 

La isla más visitada de Grecia fue el sitio donde la modelo Florencia Gómez Córdoba disfrutó de sus vacaciones. Playa, comida local y caminatas por las laberínticas calles, diseñadas para confundir a los corsarios, le permitieron conocer la cultura de este paraíso de atardeceres inigualables.

 
   
 
 

Una fusión de tonos casi imposible de encontrar en otro lugar del mundo. Así podría describirse la idílica isla griega Mykonos. Un mar color aguamarina, el fulgor del blanco de sus construcciones, las playas de arena dorada y el azul brillante de las cúpulas de los templos religiosos (hay más de 400 iglesias en los escasos 90 km2 de la isla), forman una paleta digna de un pintor de paisajes de ensueño.

Hasta esta fabulosa ínsula del archipiélago Cícladas (en el Mar Egeo) viajó Florencia Gómez Córdoba. “Me encanta conocer diferentes playas e islas del mundo” -cuenta la modelo de Dotto Models-, que para llegar al destino zarpó desde el sur de Italia en un ferry. La panorámica de las islas y el color del Mediterráneo fueron un bálsamo de belleza para ella. “El paisaje es increíble y, en el muelle nos recogieron con unas mulas que nos trasladaron por las angostas callecitas isleñas, hasta nuestra posada”, rememora sonriente.
Mykonos fue erigida en forma de laberinto para despistar a los piratas. Por eso, su centro es una verdadera maravilla arquitectónica. En las callejuelas estrechas se enciman las casas blancas, con puertas de madera pintadas de azul y balcones con flores, custodiadas por terrazas con vista al mar. Florencia jura haber visto, desde las azoteas, los atardeceres más preciosos de su vida: la combinación de colores de tierra firme, cuando el sol se fusiona con el azul profundo de un mar soñado, es maravillosa. Lo saben los turistas, que a partir de las cuatro de la tarde, pugnan por una mesa en los bares para avistar ese hecho mágico.

Capital gay de Grecia, este hito posee las playas más atestadas de visitantes de la región. Tanto de día como de noche, los concurrentes se disponen a celebrar. Entre las arenas más conocidas se encuentran Agios, Stefanos y Kalafatis, donde la movida dura hasta la madrugada. “Me encantó la vida nocturna de la ciudad. Es la isla más cosmopolita y divertida. Por donde vayas, los bares están repletos de gente proveniente de todas partes del mundo”, explica Florencia.

Pero, al estar en Grecia, no se puede eludir la historia de la influyente civilización. Mykonos conserva algunas ruinas de la época de esplendor. Se pueden visitar, por ejemplo, Portes, Ano Mera y el Paleocastro, que atesora los restos de antiguas fortificaciones, esculturas y otras piezas únicas. También, desde el puerto parten embarcaciones rumbo a Delos, una isla-museo, donde el calendario retrocede centenios, a juzgar por las reliquias que guarda.
El viento sopla sin pausa en el territorio. Por eso, los míticos molinos (como Boni, una estructura de piedra que data del siglo XVI) mueven sus aspas en el horizonte, mirando al mar. Junto a estos inanimados habitantes de roca, otra inconfundible marca del lugar son los pelícanos. A las simpáticas aves (que, en la década del ‘50 detuvieron su espíritu migratorio y se instalaron en la más pequeña de las Cícladas) se las encuentra por donde se camine ya que los paseantes las alimentan con pescado fresco. Menos atrevida (los pelícanos a veces pican), Florencia, prefirió sólo dedicarse a los paseos por las aguas. “Lo que más me gustó de la playa fue tomar un velero que te lleva a navegar y disfrutar el turquesa del mar en todo su esplendor”, comenta encantada.
También es sabido que para conocer por completo los rituales y gustos de una cultura, se necesita emprender un viaje gastronómico. La modelo deleitó su paladar con platos típicos y recomienda probar la ensalada griega, una fresca delicia a base de queso de cabra, lechuga, tomates y pepino. “Además quedé fascinada con los gyros -carne de cerdo cocida con salsa de yogur natural en sandwich-. Nunca los había probado y me pasé la estadía comiendo este exquisito plato”, exclama encantada.

Después de degustar recetas clásicas en restaurantes donde la brisa golpea sobre la cara, parece ser inevitable dedicarse al shopping. “Está repleto de locales que venden recuerdos y puestitos artesanales que deambulan por la playa, ¡siempre llenos de gente!”, cuenta. Para seguir a rajatabla con su plan de descanso, Florencia evitó las compras compulsivas. Sin embargo, volvió con un recuerdo más que importante en sus valijas: haber descubierto el sitio ideal para tomarse un respiro entre desfiles y campañas, justo en las orillas del Mar Egeo con un agua turquesa que jamás podrá borrar de sus retinas.

 
 
  Texto: Fernando Gomez Dossena.
  Fotos: Mykonos Greek International Tourism Organization (GNTO) y Dreamstime.com
 
 

"Me encantó la vida nocturna
de la ciudad. Es la isla más
cosmopolita y divertida. Por donde
vayas, los bares están repletos
de gente que viene de
todas partes del mundo".

 
 

"Lo que más me gustó de la playa
fue tomar un velero que te lleva
a navegar y disfrutar el turquesa
del mar en todo su esplendor".

 
 
 
Publicación semanal de Editorial Perfil S.A. © Copyright 2007. Revista LUZ. Todos los derechos reservados.