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Aunque podría haberse conformado con ser el galán de moda en Hollywood, Ben Affleck (34) decidió construir su carrera mezclando dosis idénticas de talento, belleza y tenacidad. Casado desde hace un año con la actriz Jennifer Garner (protagonista de la serie Alias), con ella tuvo a su hija Violet, y un buen día decidió dejar atrás el mote de “soltero codiciado” y olvidar para siempre sus romances con Gwyneth Paltrow y Jennifer Lopez. “Sentí esa especie de calma que uno experimenta después de vomitar, como si hubiera pasado lo peor”, dijo al separarse de la cantante.
Después de todo, el reconocimiento que había obtenido por En busca de un destino (por cuyo guión -escrito con su amigo y colega Matt Damon- ganó un Oscar), y el suceso cosechado con su participación en blockbusters como Armaggedon y Pearl Harbor, le demostraron que para trascender en la industria del espectáculo no siempre es necesario ocupar páginas en las revistas del corazón o protagonizar un escándalo.
A poco de estrenar Hollywoodland (film que narra la vida y la muerte de George Reeves, el primer actor que se hizo famoso por interpretar a Superman y que su suicidio, en 1959, se transformó en uno de los misterios más perdurables de la meca del cine), Affleck habla de su trabajo, de la fama y de sus deseos de dirigir.
-¿Qué sabías de George Reeves antes de hacerte cargo del papel?
-Sabía quién era, había visto el programa unas pocas veces cuando era niño y también sabía que se había suicidado; no más que eso. Pero una vez que comencé a investigar, hallé a un tipo mucho más fascinante. Además, la historia trata más que eso: de la ambición y de la tendencia general de las personas a sentirse descontentas o a hacer que su felicidad dependa de algunos objetivos como un trabajo nuevo, un ascenso, un automóvil, una nueva relación o lo que sea. Y la fama, por supuesto, es el objetivo más grande. Mucha gente piensa que su vida no vale la pena si no es famosa.
-La imagen que tenía el público era de un Reeves feliz, ¿no era así?
-En lo que a mí me concierne, esa era una de las cosas que intrigaban de él. Estaba muy frustrado y triste, pero la gente pensaba: “Bueno, debería estar muy feliz”. Él tomó el trabajo de Superman para ganarse la vida, para seguir trabajando, y se convirtió en uno de los primeros actores en ser encasillados en un papel.
-Hay una escena de la película en la que el agente de Reeves le dice que acepte el papel para trabajar y para poder comer. ¿Alguna vez aceptaste papeles por esta razón?
-Sí, acepté trabajos para comer y para estar ocupado. Lamento algunas de mis elecciones. Eran películas cuyos guiones eran buenos, creativos e interesantes, y realmente la pasé bien cuando las filmaba, pero finalmente resultaron un gran fiasco. En realidad, lamento mucho haber hecho algunas películas por razones equivocadas o porque, si bien sabía cómo serían, me dejé llevar.
-En persona se te ve más flaco que en Hollywoodland. ¿Aumentaste de peso para el papel?
-Sí, cerca de 9 kilos, muy fáciles de subir comiendo sólo pizza, pero realmente muy difíciles de perder. Llegó un momento en el que pensé que no debería haberlo hecho, que había sido un error. Pero ahora que veo el film me pongo contento porque luzco diferente, más parecido a George.
-¿Te parece que éste es un filme de menor escala que lo que venís haciendo?
-Llegué a un punto en el que no deseaba seguir con la típica película de Hollywood que había estado haciendo. Me sentía muy infeliz. No hice nada durante dos años, ni una entrevista, y ni siquiera sabía si quería seguir siendo actor. Sabía que me gustaba actuar, pero no me gustaba mi vida y estaba deprimido. De modo que simplemente pensé que tenía que hacer algo que valiera la pena. Y por supuesto, cuando decidís esto, terminás haciendo algo bueno. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien con mi carrera.
-También escribiste y dirigiste un film...
-Sí, es un drama policial llamado Gone Baby Gone, con Ed Harris y Morgan Freeman, y me encantó hacer sólo esto, aún cuando dirigir es un trabajo increíblemente difícil. Siempre sentí gran respeto y admiración por los directores y ahora más todavía. Realmente no me había dado cuenta de cómo era llevar todo el peso sobre los hombros.
-¿Podrías imaginarte en el futuro solamente dirigiendo y sin actuar?
-Espero que lo que hice le guste al público y me permitan volver a dirigir. Lo más probable es que me dedique a hacer sólo alguna aparición. No me imagino actuando de aquí a veinte años.
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